“Un lugar. Una vida”

  • 12 Sep , 2016, 13:38

Intervención de Esther Cabello, coordinadora del Centro Socioeducativo de Fundación Acogida, en el «VI Encuentro de Iniciativas de Voluntariado para la Ayuda al Estudio», que bajo el lema ¿Podemos educar hoy? se celebró en la sede de la Fundación el pasado 3 de septiembre.

Intervención de Esther Cabello, Fundación Acogida
Intervención de Esther Cabello, Fundación Acogida

Dentro de un mes hará dos años que estoy trabajando en FUNDACIÓN ACOGIDA, como coordinadora del Centro Socioeducativo. En este centro se reciben, cada curso, alrededor de 45 menores de 6 a 17 años, así como a sus familias.

Quisiera responder a la pregunta que nos planteamos: ¿podemos educar hoy?, describiendo el descubrimiento que he hecho a  lo largo de estos dos años: la acogida como método educativo, a través de algunos ejemplos.

Nos encontramos ante unos chicos que proceden de familias desestructuradas y con dificultades en distintos ámbitos (social, económico, personal…). Por lo que muchas veces, los menores están solos: normalmente carecen de un guía que les ayude a descubrir el sentido unitario de las cosas. Sin este sentido viven una disociación, más o menos consciente, pero siempre demoledora.

Los chicos están llenos de necesidad de ser felices, de encontrar lo que les hace bien. De encontrar razones para estudiar y para afrontar la vida. Pero, al tener unos lazos humanos tan frágiles, tienen una gran inseguridad y miedo, que se expresa como baja autoestima o como violencia, acompañado, en muchos casos, de fracaso escolar.

Ante esta situación, nuestra propuesta es la acogida. Y la acogida no es un tolerar sin más, es un “tener que ver” con el de al lado (con los chicos, con sus familias, con los voluntarios y con los trabajadores). Esta propuesta es algo precioso porque se trata de estar atentos a las necesidades de los chicos y de sus familias. Pero además, un gran descubrimiento de estos años son los voluntarios, que llegan, de una forma u otra, empujados por la necesidad de ayudar, de darse. Ellos son una provocación para mí, ya que es la misma necesidad que encuentro en mí. De esta forma los voluntarios son para mí una compañía. Nos acompañamos en mirar nuestra necesidad y la experiencia que hacemos, tanto en el día a día, como en las reuniones en las que aprendemos de otros formadores con más experiencia. Este acompañarse genera unos lazos entre nosotros que son visibles para todos, adultos y menores. Son lazos que dan estabilidad a los menores.

En cuanto a los chicos, llegan al centro porque necesitan una ayuda para estudiar. Así, nuestra actividad principal es el apoyo escolar. Los menores encuentran en los voluntarios, adultos estables con los que establecen lazos. Por ejemplo, P. es una adolescente que en poco tiempo ha mejorado mucho académicamente. En su casa, por la situación familiar, no lograba estudiar. El hecho de acudir al centro, de establecer una relación con los voluntarios y con los demás menores, le ha hecho ponerse a estudiar: ha encontrado un lugar, unas relaciones, una motivación. Como este podría poner más ejemplos. En cambio, otros menores no han logrado mejorar académicamente, pero se han despedido diciendo: “el año que viene, vuelvo” y dando muestras de afecto. A éstos, los queremos mucho, tal vez porque les cuesta más y ellos lo perciben.

La atención a las diferentes necesidades de los menores, nos ha llevado a proponerles otras actividades (fútbol, inglés, juegos de mesa, taller de música, excursiones al campo,  taller de dibujo y pintura).  Estas actividades, en muchos casos, son terapeúticas, ya que ayudan a los menores a expresarse, a relacionarse con la naturaleza, con los iguales y con los adultos y a mirar la belleza de lo que existe.

Ha sido sorprendente el caso de N. Una niña de primaria que durante el curso ha venido a inglés y al taller de dibujo y pintura. Al principio sus trazos eran rígidos y de colores oscuros, aunque el modelo no fuera así. Al final de curso pintó el cuadro más bonito de todos, por los colores, el volumen, la luz y la fidelidad al modelo. Para ella ha sido una forma de expresar lo que no podía decir con palabras y a la vez ha sido curativo, cuando terminó su cuadro, de final de curso, estaba feliz.

En algún caso, las actividades han variado a lo largo del curso según las diferentes necesidades. Por ejemplo S., llegó encogido, sin levantar la mirada por la situación de violencia que soportaba en su casa. En la entrevista inicial, le propuse apuntarse a fútbol, pero era imposible para él, le suponía un esfuerzo de relación que no podía afrontar. Entonces le propuse apuntarse al taller de dibujo y pintura y aceptó. Comenzó el curso y venía al apoyo escolar acompañado por Aurora, una de nuestras voluntarias (ella conoce a la familia desde hace tiempo) y al taller de dibujo. Era muy normal verle escondido en su capucha. Al verlo, las otras voluntarias propusieron que S. no estuviera con Aurora durante la hora de estudio y así lo hicieron. Poco a poco fue abriéndose a sus compañeros y al resto de voluntarios. El dibujo le encantaba, al terminar el taller, siempre hacia una foto a su dibujo y muchas veces al de los demás. Y es que el dibujo y la pintura, son una forma de expresión en la que te sorprendes de las cosas que haces.

S. ha terminado el curso con una gran mejora académica y ha logrado hacer relaciones, tanto con sus iguales, como con los adultos. Llegó un momento, en el que dejó de venir a dibujo porque prefería jugar al fútbol con sus amigos: se abrió, creció, llegó otra etapa para él.

Para terminar, quiero contaros la última sorpresa del curso. En la última cena con los voluntarios uno de ellos me dijo: “Tu despacho es especial y tú no eres consciente; es el hogar de todos”. Me acosté dando gracias a Dios porque todo lo ha hecho Él.

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Si quieres ser voluntari@ ponte en contacto con nosotros en info@fundacionacogida.org o en el teléfono 911 73 14 09.

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